El Escondite de María

Miguel de Cervantes sevillano

CarmenVazquez
Más de uno pondrá una cara rara, (pero, ¿no era de Madrid?). Sí, y no. Alguien con su vida y su obra, puede ser de donde quiera. O de donde le dejen, que creo que es el caso. Nació y murió en Madrid, pero pasó por Argelia, Túnez, Italia, Portugal….. y Sevilla. Aquí estuvo más de catorce años, entre 1587 y 1601. Tras su etapa militar y su paso por las cárceles argelinas, decidió probar fortuna como recaudador de impuestos en la Sevilla del siglo XVI, capital virtual del recién descubierto imperio americano y tierra de oportunidades para espíritus aventureros. Una ciudad tapizada de oro y plata por donde se movían mercaderes, inquisidores, esclavos y buscavidas.

En 1916, con motivo del tricentésimo aniversario de su muerte, Sevilla homenajeó al escritor colocando veinticinco azulejos en algunos sitios de la ciudad que aparecen citados en sus obras. Aunque están repartidos desde Nervión a Triana, se concentran especialmente en tres puntos: La Alfalfa, alrededores de la catedral, y final de la calle Sierpes, donde estuvo preso en la Cárcel Real (hoy sede de un banco) y donde ideó el Quijote aprovechando el mucho tiempo libre. También hay allí un busto del escritor al que, de vez en cuando, algún guasón coloca entre las manos un botellín de Cruzcampo.

Ubicación del azulejo de Miguel de Cervantes

En ese año la ciudad preparaba con entusiasmo la Exposición Iberoamericana de 1929, y los constructores, arquitectos, herreros o decoradores no daban abasto; sobre todo, los que trabajaban aquel ¨estilo sevillano¨ tan vistoso, lleno de arcos moriscos y azulejos de colores. Las fábricas de cerámica de Triana vivían un momento de esplendor y fue Mensaque, una de las más destacadas en esta época, la encargada de realizar esta obra. Y lo hizo con los colores de la cerámica trianera tradicional: blanco, verde, amarillo y azul, y con los motivos vegetales y de cintas típicos del Renacimiento.

Mercado calle Feria
El epílogo de esta historia es muy reciente. De las veinticinco placas originales, seis se perdieron. En 2016, con motivo del cuatricentenario, un vecino del barrio de la Feria promovió que se reemplazara una que estaba situada en el mercado de dicha calle. Tras años de luchas y pandemias, este mayo pasado se colocó el azulejo en la fachada de su abacería, Casa Gutiérrez, en una esquina del Mercado de la calle Feria, por si quieren tomarse una caña y una tortilla con hierbabuena a la salud de Cervantes.
Mercado calle Feria
Mercado calle Feria
Mercado calle Feria

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